martes, 20 de febrero de 2007

Fábula de la convivencia

Durante la era glaciar, en una época muy remota, cuando parte del globo terrestre estaba cubierto por densas capas de hielo, muchos animales no podían resistir el frío intenso y morían indefensos, pues no podían adaptarse a las condiciones de ese clima tan hostil.

Por entonces, una gran manada de erizos, con la intención de protegerse y sobrevivir, comenzaron a unirse, a juntarse más y más. Así, cada uno podía sentir el calor del otro. Y, todos juntos, bien unidos, se abrazaban mutuamente, enfrentándose a ese invierso tenebroso y hostil.

Pero, ¡oh vida ingrata! las espinas de cada uno de ellos comenzaron a herir a los compañeros más próximos, justo aquellos que ofrecían más calor vital, era cuestión de vida o muerte. Y empezaron a sufrir las consecuencias: heridas, magulladuras, sufrimiento...

Se dispersaron porque no podían sosportar por más tiempo las espinas de sus semejantes. ¡Dolían mucho! Pero ésa no fue la mejor solución.

Afectados, separados, comenzaron a morir congelados. Así, los que no morían volvieron a aproximarse, poco a poco, con juicio y precaución; de tal forma que unidos, cada cual conservaba una corta distancia con el otro, la mínima, pero suficiente para convivir sin morir y sin causarse daños recíprocos.

Así soportaron y pudieron superar la larga era glaciar. SOBREVIVIERON

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